Aventura Britania-Scotia
La “Aventura por la Historia” de ADCHE de este verano nos llevó a tierras britanas.
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Recorrimos la Gran Bretaña de sur a norte y de este a oeste. Comenzamos en Londres, la histórica capital del Imperio Británico cuyos monumentos reflejan su esplendoroso pasado imperial. Vimos la Galería Nacional en la Plaza de Trafalgar, la avenida Whitehall, la residencia del primer ministro en el n.º 10 de Downing Street, y el famoso cambio de la Guardia Montada del Rey.
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A continuación nos relajamos y cogimos fuerzas en el Parque de St. James para después continuar nuestra visita por el Palacio de Buckingham (de su balcón principal se asoma la familia real británica), la Abadía de Westminster (lugar de coronación de los monarcas ingleses) y terminamos en la Plaza del Parlamento, con unas vistas espectaculares de la Torre del Reloj (Big Ben).
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Cruzando el Puente de Westminster sobre el río Támesis llegamos a la imagen más icónica de Londres: el edificio del Parlamento, con el Big Ben, asomándose sobre el río.
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Tras el tiempo libre para comer, ADCHE nos tenía preparada la primera sorpresa del viaje: Un paseo en barco por el río Támesis donde pudimos seguir disfrutando de otros monumentos londinenses. La denominada Aguja de Cleopatra (en realidad un obelisco de Tutmosis III) , el London Eye (noria gigante), el antiguo ayuntamiento, el Tower Bridge (puente levadizo de estilo gótico victoriano), la Torre de Londres, el buque de guerra HMS Belfast (en la actualidad museo flotante) y una buena cantidad de puentes históricos que facilitan el paso del río.
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Tras la visita de Londres nos trasladamos a la ciudad-balneario de Bath en la que estuvimos alojados tres días. Allí nos sorprendió su bella arquitectura georgiana, los edificios geométricos diseñados por el arquitecto John Wood, las casas-museo dedicadas a las escritoras Jane Austen y Mary Shelley, el Puente habitado Pulteney sobre el río Avon, la Abadía de Bath…
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Pero si por algo es conocida la ciudad de Bath es por sus antiguas termas romanas. Roma creó aquí un gran complejo religioso-termal dedicado a la diosa Sulis Minerva y que incluía templos, piscinas, gimnasios, saunas, etc.
Probablemente uno de los pensamientos que más surgen entre los visitantes sea: “¡Quién fuera romano para disfrutar de estas instalaciones!”
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ADCHE nos tenía preparada la gran sorpresa de esta Aventura. Disfrutar de las famosas aguas termales de Bath, cuyo origen es milenario, en el moderno complejo termal de “Thermae Bath Spa”.
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Todo un auténtico lujo situado sobre el antiguo manantial celta y con todas las comodidades que tenían las termas romanas, a las que se unían unas vistas panorámicas de toda la ciudad gracias a la piscina situada en la terraza superior.
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En el tercer día de aventura nos esperaba el monumento megalítico de Stonehenge. Una de las visitas estrellas del viaje.
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La visita guiada no defraudó. Alejándonos de las visitas turísticas, preparamos un itinerario arqueológico que nos llevó por los lugares más importantes de este gran santuario prehistórico: el Cursus, los Túmulos Funerarios, la Vía Procesional…
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Y así llegamos hasta el famoso círculo de piedras, construido hace cuatro milenios por unas personas que no contaban con los medios que hoy en día disponemos.
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Precisamente, en el centro de interpretación de Stonehenge se han reconstruido las viviendas de aquellos constructores prehistóricos y los transportes que pudieron utilizar para llevar los grandes bloques. También hay una pantalla circular que nos permite ver el solsticio de verano y cómo los primeros rayos de sol cruzan el monumento.
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Nueva sorpresa de ADCHE. Esa misma tarde nos sorprendió con la visita a la cercana ciudad de Salisbury. El paseo por el centro histórico nos recordó mucho a las ciudades normandas que vimos el anterior verano en el Norte de Francia. No en vano, fueron los mismos normandos los artífices de su construcción.
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La Catedral de Salisbury es, sin lugar a dudas, el monumento principal de la ciudad. Tiene la aguja más alta de Inglaterra (123 m.), el claustro más grande del país y, por si esto fuera poco, custodia la copia del siglo XIII de la Carta Magna que mejor se conserva (un documento democrático que se convirtió en fruto de inspiración para las Constituciones venideras). ¿Se puede pedir más? Sí, que justo en nuestra visita de la Catedral esté cantando en directo el coro eclesiástico. Fue una auténtica delicia.
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En esta Aventura por la Historia hubo más traslados en autobús que en otras ocasiones, pero no se hicieron pesados. Entre las explicaciones históricas de Marcos, los juegos (como el bingo romano o el festival de Britanovisión, en el que votábamos la mejor canción británica de todos los tiempos), y las vistas por las ventanas del autobús (a destacar los Kelpies y sus gigantescas cabezas de caballo) íbamos muy entretenidos.
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En nuestro trayecto hacia el norte paramos en el legendario Bosque de Sherwood (otra sorpresa que nos tenía preparada ADCHE). No vimos a Robin Hood pero sí nos encontramos con sus secuaces, que nos enseñaron a tirar con arco.
En la competición que hicimos, las chicas fueron las campeonas.
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Experiencia inolvidable fue encontrarnos con el Major Oak, el roble milenario y gigantesco que, según la tradición, servía de refugio a Robin Hood. Probablemente estaba escondido dentro ese día y por eso no le vimos.
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Esa misma tarde, y siguiendo el itinerario del viaje, visitamos Durham. Una villa medieval construida en lo alto de un promontorio de una península fluvial y que destaca por su enorme catedral que se asoma al río Wear, su castillo (hoy residencia universitaria) y su centro histórico que parece haberse quedado anclado en la Edad Media.
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Seguimos avanzando hacia el norte, ya próximos a tierras escocesas, territorio de los antiguos pictos (los pintados), para cuya defensa el emperador romano Adriano estableció un larguísimo muro que partía la isla de la Gran Bretaña en dos.
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Fue una gozada recorrerlo y sentirnos auténticos centinelas romanos custodiando el muro. Sí, tocó subir alguna que otra cuesta, pero mereció la pena…
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Las vistas fueron, una vez más, la mejor recompensa al esfuerzo invertido. Contemplar cómo el Muro de Adriano va serpenteando, subiendo y bajando colinas, hasta más allá del horizonte, no tiene precio.
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La sorpresa del día fue la visita de Vindolanda, un antiguo campamento romano que se convirtió en ciudad y cuyos restos arqueológicos son muy preciados. Gracias a las condiciones del terreno (sobre todo por la humedad) se han conservado piezas romanas que no se han hallado en otros yacimientos, como calzado y cartas personales escritas en tablillas de madera que nos informan de la vida cotidiana de hace dos mil años.
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Ya en tierras escocesas, visitamos el Castillo de Stirling, uno de los más importantes de Escocia. Fue residencia real y tenía una situación estratégica de primer orden. De hecho se le solía mencionar como “la llave de las Highlands”, quien controlaba Stirling controlaba el acceso hacia las tierras altas.
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Asomándonos por sus acantilados tomamos conciencia del lugar en el que estaba construido el castillo. En lo alto de un promontorio de origen volcánico, dominando todo el paisaje circundante. Ya en su interior, y gracias a las restauraciones, nos pudimos hacer una buena idea de la vida cortesana que se llevaba dentro del castillo.
Visitamos el Palacio Real y sus apartamentos, las salas de audiencia (con los famosos medallones con retratos de personajes históricos en el techo), la capilla, las cocinas, el gran comedor… Y, desde las murallas, disfrutamos de unas excelentes vistas de las tierras altas.
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La ciudad de Edimburgo, capital de Escocia, fue nuestro segundo lugar de alojamiento y campamento-base durante el resto del viaje.
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Visitamos las dos zonas históricas de la urbe: la Ciudad Nueva y la Ciudad Vieja. Ambas zonas están separadas por grandes escalinatas de subida, menos mal que teníamos a nuestro druida con su poción mágica (en forma de bombones) para ayudarnos en el esfuerzo. Recorrimos Princes Street y sus jardines (a destacar el Reloj Floral), la Royal Mile, la Catedral de San Gil…
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Pero lo que más nos impresionó, sin duda, fueron las vistas del Castillo de Edimburgo, en un promontorio, dominando toda la ciudad.
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Siguiendo las huellas de Harry Potter, el niño mago, continuamos la visita por la colorida Victoria Street, una calle curva que nos llevó hasta la Plaza del Mercado (antiguamente utilizada también como lugar de ejecuciones públicas) y el Cementerio Greyfriars. Aquí conocimos una de las historias más emotivas del viaje, la del fiel perrito Bobby que se mantuvo durante años en la tumba de su dueño, ganándose así la admiración y el cariño de toda la ciudad. En ADCHE aprovechamos para rendirle homenaje.
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En nuestro tiempo libre aprovechamos para seguir descubriendo los secretos que guarda la “Atenas del Norte” como es conocida también Edimburgo. Visitamos, entre otras cosas, el antiguo Parlamento, el Palacio de Holyroodhouse, la Galería Nacional, y terminamos viendo el atardecer en la colina Calton con unas vistas espectaculares de toda la ciudad.
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Al día siguiente tocaba vestirnos de atletas para emular a los protagonistas de la película “Carros de fuego” en la playa West Sands del pueblo de Saint Andrews.
Esta localidad costera escocesa es también famosa por haber sido la cuna del golf (en ella se encuentra el campo de golf más antiguo del mundo) y por su prestigiosa Universidad (donde, por cierto, se conocieron los actuales Príncipes de Gales)
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Tristemente, Saint Andrews es también conocida por haber sido centro neurálgico de las guerras de religión ocurridas entre protestantes y católicos. Fruto de ellas son las actuales ruinas de su castillo…
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Y de su catedral católica. La catedral dedicada al apóstol San Andrés fue el edificio religioso más grande de Escocia. A pesar de todos los avatares sufridos, todavía en la actualidad la belleza de sus ruinas es considerable.
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En nuestra ruta por los castillos escoceses no podía faltar Dunnottar. Probablemente el castillo más espectacular de todos. Situado sobre un promontorio de acantilados junto al mar, su localización lo hacía prácticamente inexpugnable. No en vano, este fue el lugar elegido por la realeza para salvaguardar las Joyas de la Corona en las situaciones más difíciles (como en el período republicano liderado por Oliver Cromwell).
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Una vez superado el esfuerzo de subir la cuesta, las recompensas llegaban rápido en forma de excelentes vistas sobre la costa y el Mar del Norte.
El interior del castillo casi parecía una ciudad, con todos los edificios necesarios para pasar largos tiempos de asedio (almacenes, establos, dependencias residenciales, patios, iglesia, etc.)
Fue genial perderse por sus ruinas. Algunos hasta creyeron encontrarse con la figura fantasmagórica de la Dama Verde.
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Tras la visita al interior del castillo realizamos un bonito paseo por la costa acantilada para obtener la que, con toda seguridad, sea una de las mejores vistas del viaje. Dignas de recordar. De hecho aquí nos hicimos la foto de grupo.
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Y nos quedaba el último día de Aventura por disfrutar. La guinda final sería la visita al Castillo de Edimburgo, residencia oficial de los reyes escoceses durante siglos.
Paseamos por el adarve de sus murallas, entramos en las dependencias palaciales y en la capilla. Visitamos los museos militares que hay en la actualidad ocupando antiguos edificios del castillo. Nos asombramos ante el Mons Meg, sin duda, el padre de todos los cañones. Y terminamos en la sala de las Joyas de la Corona, admirando el valor histórico de estas insignias reales que se utilizan en la coronación de los monarcas.
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El Castillo de Edimburgo está construido en varias terrazas, desde lo más alto de ellas las vistas de toda la ciudad son, una vez más, espectaculares.
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Antes de tomar el vuelo de regreso a España nos dio tiempo a visitar por la tarde el Museo Nacional de Escocia, con colecciones de todo tipo sobre la cultura e historia escocesa. En él se conserva, por ejemplo, la famosa oveja Dolly, el primer mamífero clonado de la historia.
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El viaje estuvo lleno de buenos momentos vividos por los aventureros. Resulta muy complicado poder recogerlos todos.
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Sin duda, el éxito de estas Aventuras por la Historia radica en buena parte en sus integrantes. Gracias a todos por vuestra generosidad, simpatía, tolerancia y buen humor derramado en cada minuto de la Aventura.
¡Que ganas de que llegue la siguiente!
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¡Adchianos!
¡Aú, aú, aú…!












