Las Mujeres en la Antigüedad II
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La civilización minoica nos sorprendió por su alegría, su amor por la naturaleza, su pacifismo y ausencia de conflictos, su igualdad entre hombres y mujeres (como demuestra la participación de éstas en el famoso “salto del toro”)
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Los etruscos también demostraron tener una buena consideración hacia las mujeres. Éstas aparecen participando de manera notable en las diversas actividades que podemos ver a través de los restos arqueológicos que nos han llegado.
El denominado “banquete promiscuo”, la crítica que hacían griegos y romanos a los etruscos por comer hombres y mujeres “bajo el mismo manto”, supone una muestra más del grado de protagonismo que tenían las etruscas respecto a sus contemporáneas griegas y romanas.
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Es célebre el nivel de androcentrismo que llegó alcanzar la Grecia Clásica. Las mujeres no podían participar en la política puesto que no eran consideradas ciudadanos. Tenían su estancia privada dentro de la casa (el gineceo), a la que no podía acceder ningún varón. Con todo, siempre existieron “válvulas de escape” a la presión a la que estaban sometidas, como el acto de “ir a por agua a la fuente” para las jóvenes, o las fiestas religiosas (son de destacar las celebradas en honor a Dionisio, dios del Vino) y reuniones sociales (con amigas) para las madres.
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La excepción que supuso Esparta en el caso de las mujeres es un claro ejemplo de que nunca debemos generalizar. Las espartanas recibían educación pública (intelectual y física) por parte del Estado, gozando de una mayor libertad y derechos que sus vecinas atenienses.
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Roma tomó el relevo de la civilización griega en la historia europea. En la sociedad patriarcal romana, las mujeres continuaron siendo consideradas “eternas menores de edad”, siempre estaban bajo la custodia de algún varón (padre, marido, hermano, hijo…)
Por este motivo, quedaron excluidas del ámbito público, de la política, del gobierno de las ciudades, de los tribunales, del ejército… Esto se justificaba aludiendo a la supuesta debilidad física y mental de las mujeres.
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Menos mal que son numerosos los ejemplos que nos muestran todo lo contrario. Son muchos los nombres propios de mujeres de la Antigüedad que han pasado a la Historia. Como Hipatia de Alejandría, gran astrónoma y matemática, “que sobrepasó en mucho a todos los filósofos de su propio tiempo”. Safo de Lesbos, poetisa que sirvió de fuente de inspiración a muchos poetas posteriores. Livia (esposa de Octavio Augusto) y Gala Placidia tuvieron gran influencia en la política de su tiempo.
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También Teodora de Constantinopla, una mujer con una historia vital digna de mención. Partiendo de la parte más baja de la sociedad fue capaz de llegar a lo más alto y, una vez allí, ayudar al resto de mujeres bizantinas a gozar de una condición social única en aquella época.
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¡Muchas gracias a todas por haber convertido esta sesión en un nuevo éxito de participación!
¡Nos vemos en la siguiente!












